Santa Sofía

Pocos son los santuarios que pueden ser reconocidos por todo el mundo sin mayores dificultades. Uno de ellos es la basílica de Santa Sofía, aquella estructura mandada a construir por Justiniano en el 532-537 y que luego fue tomada por los otomanos, convertida en mezquita y finalmente delegada para el turismo como atracción.
Los otomanos al llegar a Constantinopla se maravillaron con dicha estructura y dentro de ella no destruyeron sus íconos, simplemente las cubrieron con otros materiales para no dañarlos. Es por ello que hoy se ha destapado intactos gran cantidad de estos íconos de suma belleza bizantina dejando a la vista el legado de ambas culturas, la cristiana naciente y la islámica.
Los minaretes fueron agregados más adelante cuando esta fue convertida como centro religioso musulmán, tomando así el aspecto actual.
Posteriormente se construiría en frente a ella la Mezquita Azul, una estructura parecida a la de Santa Sofía pero destinada al culto a Alá.

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